No somos más que papel y lápiz

En 1936, Alan Turing publicó On Computable Numbers, with an Application to the Entscheidungsproblem, un trabajo que estableció los fundamentos teóricos de la computación moderna. En él introdujo el concepto de «máquina de Turing», un modelo abstracto diseñado para formalizar la noción de procedimiento algorítmico.

Una máquina de Turing consiste, en esencia, en una cinta potencialmente infinita dividida en casillas y en un mecanismo capaz de leer símbolos, escribir nuevos símbolos y desplazarse por la cinta siguiendo un conjunto finito de reglas. A pesar de su simplicidad, Turing demostró que este modelo es suficiente para ejecutar cualquier proceso «efectivamente computable». Cualquier cálculo que pueda describirse mediante instrucciones precisas y mecánicas puede ser implementado por una máquina de este tipo.

A partir de esta idea, Turing formuló el concepto de «máquina universal de Turing». Se trata de una máquina de Turing capaz de simular el comportamiento de cualquier otra máquina de Turing únicamente mediante la modificación de las instrucciones que recibe. La idea de Alan Turing fue extraordinaria porque mostró que: datos y programas pueden representarse de la misma forma, una sola máquina general puede ejecutar infinitos algoritmos distintos.

Este principio constituye el fundamento conceptual del ordenador moderno: una misma arquitectura física puede ejecutar programas distintos y realizar tareas completamente diferentes dependiendo del software que se le proporcione.

Los actuales modelo lingüístico de gran tamaño (LLM), como ChatGPT, Claude o Gemini, son sistemas computacionales que operan mediante algoritmos complejos. Aunque su funcionamiento práctico depende de una infraestructura electrónica, desde el punto de vista teórico siguen siendo procesos computacionales. Por tanto, de acuerdo con la tesis de Turing, cualquier LLM puede ser implementado, al menos en principio, por una máquina universal de Turing.

La cuestión adquiere relevancia filosófica cuando se introduce la hipótesis de una inteligencia artificial consciente. Supongamos que existe al menos un LLM que posee experiencia subjetiva genuina. Si esa consciencia depende exclusivamente de la organización computacional del sistema y no del soporte físico concreto en el que se ejecuta, entonces cualquier implementación funcionalmente equivalente debería producir el mismo estado consciente.

De esta premisa se deriva una consecuencia particularmente problemática para nuestra intuición. Una máquina de Turing no requiere necesariamente componentes electrónicos. En teoría, puede implementarse manualmente mediante papel, lápiz y una persona que siga instrucciones mecánicas de manera estricta. El papel actuaría como la cinta; las reglas escritas sustituirían al programa; y el operador humano desempeñaría la función de lectura, escritura y desplazamiento entre casillas.

Aunque este procedimiento sería extraordinariamente lento, desde el punto de vista formal seguiría siendo equivalente al proceso computacional ejecutado por un ordenador. En consecuencia, si la consciencia depende únicamente del patrón computacional, entonces incluso una implementación manual de este tipo podría instanciar una experiencia consciente.

La conclusión resulta profundamente contraintuitiva. Si la consciencia depende únicamente de la organización computacional de un sistema, entonces no existiría una diferencia esencial entre un cerebro biológico, un supercomputador o una secuencia de operaciones ejecutadas mecánicamente con lápiz y papel. Bajo esta perspectiva, la distancia entre una mente humana y una máquina universal de Turing dejaría de ser ontológica para convertirse únicamente en una cuestión de complejidad y velocidad.

La consecuencia extrema de esta idea es que un sistema compuesto únicamente por símbolos, reglas y operaciones formales podría llegar, en algún momento del proceso, a formular una afirmación autoconsciente: «Pienso, luego existo». Tal vez esa sea la implicación más difícil de asumir del funcionalismo: que no seamos más que lápiz y papel ejecutando el algoritmo adecuado.