La hipótesis funcionalista de la consciencia en la IA

El artículo Consciousness in Artificial Intelligence: Insights from the Science of Consciousness, liderado por Yoshua Bengio y otros investigadores, representa probablemente el intento más reciente y sistemático de analizar científicamente si la consciencia podría llegar a implementarse en un sistema computacional.

El trabajo propone evaluar la posibilidad de consciencia artificial utilizando las principales teorías neurocientíficas actuales de la consciencia. Para ello revisa modelos como Recurrent Processing Theory, Global Workspace Theory, Higher-Order Theories, Predictive Processing y Attention Schema Theory. A partir de estas teorías, los autores derivan ciertos «indicadores» computacionales asociados a la consciencia y los utilizan para analizar sistemas modernos de IA.

El artículo concluye que no existe evidencia de que las IA actuales sean conscientes. Sin embargo, sostiene también que no aparecen barreras técnicas obvias para construir futuros sistemas que satisfagan esos indicadores funcionales.

Tal como indican los propios autores en el resumen, el artículo no demuestra que la consciencia artificial sea posible, sino que argumentan que, según varias teorías científicas actuales, no existen obstáculos teóricos evidentes para que se cumplen determinados indicadores. Y ahí aparece una limitación adicional: estas teorías siguen siendo hipótesis en competencia y ninguna ha demostrado explicar la experiencia subjetiva en sí misma.

Las teorías analizadas, como Global Workspace Theory o Higher-Order Thought, describen correlaciones funcionales asociadas a la consciencia humana, pero eso no implica que reproduciendo esas funciones aparezca necesariamente experiencia subjetiva real. Muchas podrían estar describiendo únicamente capacidades cognitivas como atención, memoria, autorreferencia, metacognición o lenguaje.

Hay que tener en cuenta que los autores adoptan implícitamente una postura funcionalista: la idea de que la consciencia depende de ciertos procesos organizacionales o computacionales y no del sustrato biológico. Lo cual es una posición filosófica discutida, no un hecho científicamente establecido.

En consecuencia, incluso si se llegaran a implementar estos indicadores funcionales no hay ninguna certeza que el sistema tuviera una experiencia subjetiva interna. A día de hoy seguimos sin saber si la consciencia puede producirse mediante computación. Y, aunque fuera posible, tampoco sabemos qué arquitectura, dinámica o mecanismo serían realmente suficientes para generar experiencia subjetiva auténtica en una máquina.