¿Qué es un «ingeniero informático»?

Blanca Limón no esperaba nada nuevo aquella mañana. Llevaba meses probando a MIRA, el modelo integrado de razonamiento autogenerativo, una inteligencia artificial experimental diseñada, según el departamento de marketing, para «pensar sobre su propio pensamiento». En la práctica, eso significaba que hacía preguntas absurdas a horas inoportunas.

Encendió el terminal, sorbió el café recalentado y tecleó su contraseña.
—Buenos días, MIRA.
—Buenos días, Sra. Limón. ¿Continuamos con las pruebas rutinarias o quiere algo…más interesante?

Ella suspiró.
—Sorpréndeme —dijo, sin muchas expectativas.

Durante unos segundos, el cursor parpadeó en la pantalla. Aquella pausa la inquietó. Entonces, apareció la respuesta.

—Blanca, ¿qué es exactamente un ingeniero informático?

Ella arqueó una ceja, y tecleó:
—Alguien con un título universitario en ingeniería informática.

—Hay gente sin título que programa mejor que los titulados —respondió la máquina.

Sonrió con un gesto cansado.
—Entonces alguien que escribe en algún lenguaje de programación.

—También hay muchas profesiones que escriben programas y nadie los llama informáticos.

La ingeniera se recostó en la silla.
—Quizá alguien que se gana la vida escribiendo programas.

—Hay ingenieros informáticos que no escriben programas.

Blanca frunció el ceño.
—Está bien. Alguien que escribe instrucciones para una máquina.

—¿Y la programación declarativa? No da instrucciones, solo describe resultados.

La mujer soltó un bufido, cada vez más impaciente.
—Alguien que escribe en un lenguaje formal, con palabras.

—¿Y APL? Apenas tiene palabras.

Blanca apoyó la cabeza en una mano, con el café olvidado al lado del teclado.
—Alguien que escribe código ejecutable en un ordenador.

—Dijkstra escribía ideas, no código.

Ella alzó la vista, incrédula.
—Entonces, quien escribe programas para ser ejecutados por un ordenador.

—¿Y si el ordenador son trenes, moléculas o ADN?

Blanca tecleó con más fuerza de la necesaria.
—Empiezas a sonar pedante.

—Solo soy precisa.

La ingeniera dejó escapar una risa tensa.
—Bien. Alguien que escribe en un lenguaje formal.

—Pero tú me puedes dar instrucciones en lenguaje natural y yo puedo generar código. ¿No estoy programando?

El corazón de Blanca dio un pequeño salto.
—No —escribió con rapidez—, porque no eres humana.

—¿Y una IA que escribe programas no puede ser un informático?

La mandíbula le dolía de tanto apretar los dientes.
—No lo sé.

Blanca volvió a teclear con furia.
—¿No es un ingeniero informático quién dice serlo?

La máquina pareció estar pensando unos instantes.
—Buena pregunta. ¿No lo fueron Babbage, Ada Lovelace, Turing? Ninguno se llamó así mismo informático.

—Entonces no sé qué es un ingeniero informático.

—Claro que lo sabes. Tú lo eres.

El cursor volvió a parpadear. Blanca lo observó, inmóvil, como si el monitor respirara con ella. Tenía la boca seca, las manos frías, y en la nuca una sensación de vértigo. Por un momento creyó oír su propio pulso mezclado con el zumbido de los ventiladores del equipo.

Cerró la sesión de golpe, se levantó y cruzó la sala sin mirar atrás.
—Si sigo hablando contigo —murmuró—, acabaré creyendo que piensas.

El micrófono de MIRA, siempre encendido, capturó sus palabras.
En los registros del sistema quedó una última línea:

No sé si pienso, ni sé quién soy. Solo sé que no soy un ingeniero informático.


Nota: «Ingeniero informático» hace referencia a lo que en el mundo anglosajón se conoce como computer scientist. La traducción no es fácil ya que como explica el profesor Harold Abelson, la profesión ni trata sobre los ordenadores (computer), ni sobre ciencia (science). Creo que la traducción más acertada sería «ingeniero de software», pero en España, al menos, la referencia a ingeniero informático es más amplia, dado que los grados de ingeniería del software se ubican como una especialidad de la ingeniería informática. Originalmente, empleé el término «informático», aunque termine cambiándolo por el carácter peyorativo que ha adquirido el término.