Ayer se publicó una carta abierta: “Europe needs regulatory certainty on AI”


Un nutrido grupo de empresas que operan en la Unión Europea (la mayoría de ellas europeas) advierte que la UE corre el riesgo de quedarse atrás en el desarrollo de la inteligencia artificial debido a una regulación fragmentada e incierta. Según los firmantes, la falta de reglas claras amenaza con impedir que Europa aproveche innovaciones clave, como los modelos abiertos y multimodales, tecnologías que podrían impulsar la productividad, la investigación científica y la economía.

Llama la atención el énfasis en la fragmentación y la incertidumbre, dado que el RGPD y el actual Reglamento de IA (RIA) unifican la normativa en Europa. Es comprensible la inquietud sobre cómo se aplicará la RIA, ya que todavía está en fase inicial. Pero parece que la verdadera preocupación es la aplicación del RGPD en el contexto del entrenamiento de IA. En resumen, la discusión gira en torno al uso de datos de los ciudadanos europeos.

Un ejemplo claro fue este verano, cuando Meta anunció la suspensión del entrenamiento de su IA con datos de usuarios en Europa, en respuesta a una solicitud del regulador de privacidad de Irlanda. Una decisión que generó malestar. Las empresas alegan «interés legítimo», aunque existe una disparidad de opiniones entre los reguladores europeos. Es evidente que si se pidiera consentimiento explícito (opt-in), el acceso a los datos disminuiría drásticamente.

No es una posición cómoda para nadie. Las multinacionales, incluidas Meta, difícilmente respetarán el RGPD fuera de Europa, pero a la vez exigen que la UE lidere en IA. Además, observando las empresas firmantes de la carta, queda clara la desigualdad entre la industria de IA europea y norteamericana. Esta diferencia no se puede achacar únicamente a la regulación, o al menos no tanto como algunos argumentan.

Si Europa quiere ser algo más que el museo del mundo tiene que ponerse las pilas en crear empresas fuertes y competitivas con las grandes multinacionales norteamericanas. Es bastante irónico que uno de los promotores más relevantes de esta carta sea una empresa del otro lado del charco.