Sobre el uso de las mascarillas en interiores

Hoy es el primer día en el que se elimina la obligatoriedad del uso de mascarillas en interiores. Me ha parecido oportuno publicar mis propias reflexiones sobre el asunto de cara incidir puntos que considero importantes y promoveer debate senero.

El punto sobre el que quiero centrar la atención es la razón subyacente que motiva la publicación del Real Decreto 286/2022. Básicamente, la alta transmisibilidad de la variante Ómicron ha producido un cambio drástico en el desarrollo de la pandemia desde su aparición a finales del año pasado. Si juntamos la aparición de esta variante con el uso que hacemos de las mascarillas, el resultado es que las mascarillas han dejado de ser una medida eficaz para evitar el contagio. Solo tenemos que comparar los números de contagios que se han producido desde la aparición de Ómicron con lo que se producían antes con medidas de protección similares.

Es importante entender que las mascarillas por si mismas siguen siendo igual de eficaces lo que provoca su baja eficiencia es el uso de la mismas. Por verlo con una metáfora, si vamos en coche ¿nos quitamos el cinturón cuando tomamos una curva acelerando? Evidentemente no. El cinturón está puesto durante todo el trayecto, ya que en cualquier momento puedes tener un accidente. De hecho la probabilidad aumenta cuando la conducción es más peligrosa. En cambio, en un avión el cinturón sólo se pone en situaciones de riesgo manifiesto: despegue, aterrizaje, turbulencias… Ya os podréis imaginar que la combinación Ómicron y las mascarillas se asemeja más al coche y cinturón que al avión. Y aquí tenemos la paradoja, durante los últimos meses, nuestros usos sociales han derivado a que nos quitemos la mascarilla en los momentos con más probabilidad de contagio. Tanto en entornos personales como laborales, nos hemos acostumbrado a estar sin mascarilla en momentos que combinan escasa ventilación, cercanía, larga duración y conversación animada. Estos momentos incluyen reuniones familiares o con amigos, pausas para tomar cafés, comidas y cenas, ocio nocturno… Juntamos estos usos sociales con la alta transmisibilidad de Ómicron y nos lleva a que el número de contagios desde que apareció la variante ha sido elevadísimo a pesar de haber tenido unas medidas que incluso obligaban a llevar mascarillas en exteriores. Y es que la Ómicron es como el coche, el accidente puede ocurrir en cualquier momento.

El segundo punto clave es que estos usos y costumbres los hemos adquirido siguiendo un proceso más o menos consciente donde hemos asumido que el coste-beneficio que supone contagiarse frente a socializar se inclina en favor del segundo. Seguro que habrá gente que conviva con estrictos grupos burbujas, pero la gran mayoría de la masa social se pone y se quita la mascarilla atendiendo a necesidades sociales, no sanitarias. Inevitablemente, esto ha derivado en que las mascarillas se hayan convertido en una medida casi tan ineficaz como los geles hidroalcohólicos. Por recordar, desde hace más de un año se sabe que la COVID no se transmite por contacto de superficie, aun así, hasta hace bien poco, todavía era obligatorio desinfectarse las manos para entrar en determinados sitios.

En este contexto (alta transmisibilidad, uso ineficaz de la mascarilla), el gobierno de España ha optado en levantar la necesidad de llevar mascarilla en interiores como la gran mayoría de paises europeos. Además, en nuestro caso, esta medida se apoya en la explendida tasa de vacunación que tenemos con un 92% de pauta completa en población mayor de 12 años, y con índices que rozan el 100% en los grupos más vulnerables. Con el contexto que tenemos, las medidas alternativas de intentar parar el contagio de la Ómicron de manera lo más eficaz posible nos llevarían a la situación que ha vivido Sanghai con confinamientos duros. No hay punto medio, si queremos socializar físicamente, es inevitable que se sigan produciendo contagios. Teniéndo en cuenta que la COVID ha venido para quedarse —dado que no tenemos vacunas que impidan el contagio, ni la vacunación ni las medidas es homogénea en todo el mundo— nos hemos enfrentando a la tesitura de elegir entre uno de los dos escenarios. Creo que la gran mayoría estaremos de acuerdo en que la decisión que se ha tomado es la correcta.

Ahora nos encontramos en una situación compleja de gestionar siendo uno de los paises que más tiempo ha llevado la mascarilla puesta. Creo que hay que manejarse con prudencia ya que habrá gente que se sienta incómoda con esta medida, o que la rechaze de pleno. Pero a la vez también creo que tenemos que racionalizar paso a paso esta situación, asumir con serenidad y madurez el cambio que se inicia y ser consecuentes con nuestros propios actos.